Cuando escuchamos la palabra “Geisha”, se suceden una serie de imágenes. Esas delgadas mujeres envueltas en hermosos kimonos, caminando a pasitos rápidos y cortos por las estrechas calles de Kyoto, con la cara pintada de blanco, semejando a un mimo o a un Pierrot, con la mirada perdida, sumida en sus propios pensamientos.
Después de la desaparición de la figura del samurai, la Geisha junto con los luchadores del sumo, son el único exponente del pasado de Japón. La Geisha aún permanece con el paso del tiempo, después de más de 400 años, y en el presente sigue causando fascinación, y muchas preguntas en torno a ella.
El Festival más esperado cada año en Gion, es el de los cerezos en flor, para ver salir en todo su esplendor a todas las Geishas. La palabra GEISHA proviene de los fonemas chinos “Gei”, que quiere decir arte, habilidad, y “Sha” que significa persona. Eso es lo que representa una Geisha, una persona con la habilidad en distintas artes. En la antigüedad, esta palabra se utilizaba para referirse sobre cualquier persona que perteneciera a las artes pero también se extendió a otros sectores.
La antecesora de la Geisha, son las odoriko, que eran las bailarinas, denominadas bailarinas de teatro ambulante. Estas bailarinas, hermosamente vestidas en Kimonos de seda, realmente eran hombres en su mayoría, y se encargaban de bailar ante los samuráis, de realizar la ceremonia del té, servirles sake, y de tocar el shamisen (instrumento de cuerda, parecido a la guitarra, pero de tres cuerdas, y con un sonido muy melódico), este baile era conocido como Okuni. No solamente las artes fueron en crecimiento, sino también la prostitución. En el año 1779, las Geishas fueron reconocidas como artistas, y se adoptó el sistema "Kenban" para supervisar a las geishas de la zona, y restringió su número por debajo de 100 artistas, protegiendo así a las geishas de que cayeran en la prostitución.
Muchas prostitutas trataban de imitar el estilo de las geishas, pero no tenían la formación artística de éstas. Se vestían en kimonos, con exceso de maquillaje y excesos de adornos en el peinado. Quizás sea por ello que durante un tiempo se confundían a las geishas con éstas, porque vivían además en las casas de “lámparas rojas”, pero el caso es que no podemos decir que las geishas fueran prostitutas. Ellas sólo se encargaban de distraer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shamisen.
Todo esto y más, es la cultura sobre las geishas.


